1. Beba abundante agua sin esperar a tener sed. Entre siete y ocho vasos diarios (aproximadamente unos 2 litros) son necesarios para mantenerse correctamente hidratado ante las altas temperaturas u olas de calor. En el caso de los niños y ancianos, la vigilancia será mayor sobre todo si se encuentran solos o enfermos y, además de agua, es conveniente la ingesta de bebidas isotónicas para recuperar las sales minerales y, a ser posible, a una temperatura adecuada.
  2. Evite salir durante las horas centrales del día y permanezca la mayor parte del tiempo en lugares frescos, a la sombra o climatizados. En casa, se recomienda descansar en las zonas más frescas y regular la temperatura por la noche, ya que el cuerpo se enfría durante el sueño.
  3. Evite comidas pesadas, ingiera frutas y verduras. Ante el calor, ingerir comidas ligeras y frescas siempre favorece la digestión y mitigan los efectos del calor. Hacer comidas menos abundantes y más veces al día no solo ayuda a sentirnos mejor sino que es más saludable.
  4. Vestir ropa ligera y transpirable es la mejor opción para niños y adultos. Las prendas con tejidos naturales, ligeras y holgadas ayuda sentirnos más cómodos tanto dentro como fuera de casa. Recordar además que los colores claros atraen menos los rayos del sol y hacen que la sensación de calor sea menor.
  5. Evite practicar deportes al aire libre durante las horas centrales y más calurosas, entre las 12 del medio día y las 6 de la tarde. Recordemos que realizar actividad física intensa durante las horas centrales del día puede ser causa de insolación.
  6. No olvide la protección solar en la piel. En el caso de los bebés, su piel es mucho más sensible y la exposición al sol les puede producir graves quemaduras aunque sea durante poco tiempo.